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equilibriomentecuerpo.com

Por: Lic. Yanet Díaz.

Hay días en los que volver a la rutina cuesta más de lo que imaginábamos. Suena el despertador, las obligaciones esperan, los mensajes comienzan a llegar y sentimos que debemos recuperar en unas horas el orden que dejamos en pausa durante varios días.

Después de unas vacaciones, una semana de receso escolar o un fin de semana largo, es normal necesitar un tiempo para encontrar nuevamente nuestro ritmo. Cambian los horarios, dormimos de manera diferente, compartimos más tiempo con la familia y, en ocasiones, también cambia nuestra forma de comer.

Pero te has preguntado ¿por qué a veces nos cuesta tanto retomar nuestros hábitos?

No siempre se trata de falta de disciplina. A veces estamos cansados, preocupados o tenemos tantas cosas en la cabeza que sentimos que no podemos atenderlas todas. Y cuando las emociones se acumulan, nuestra relación con la comida también puede cambiar.

Quizá hoy tengas menos ganas de preparar tus alimentos. Tal vez busques algo dulce a media mañana, sientas deseos de picar mientras trabajas o llegues a casa con una necesidad difícil de explicar. También puede ocurrir lo contrario, estar tan ocupado pensando en tus responsabilidades que olvides comer y termines el día agotado. Estas situaciones merecen nuestra atención, no nuestro juicio.

¿Qué tiene que ver lo que sientes con lo que comes?

La alimentación forma parte de nuestra vida cotidiana. Comemos mientras trabajamos, nos preocupamos, celebramos, esperamos noticias y atravesamos momentos que nos llenan de alegría o nos dejan sin palabras.

Por eso, los cambios en nuestra manera de comer pueden darnos pistas sobre lo que estamos viviendo.

Imagina que regresas al trabajo y descubres que tienes demasiados pendientes. Tu teléfono no deja de sonar, sientes que debes resolverlo todo cuanto antes y, en medio de esa tensión, aparece el deseo de comer algo, aunque hayas desayunado hace poco.

Antes de juzgarte o intentar controlar ese impulso a toda costa, haz una pausa.

Pregúntate: ¿Tengo hambre física? ¿Estoy cansado o preocupado por algo? ¿Necesito descansar unos minutos? ¿Estoy buscando en la comida un alivio para lo que siento?

No siempre encontrarás una respuesta clara, y está bien. El hambre física y el deseo de comer por motivos emocionales pueden coexistir. Además, el estrés, la falta de sueño y los cambios de horario pueden influir en el apetito.

El propósito no es desconfiar de cada deseo de comer ni convertir cada comida en un interrogatorio. Se trata de conocerte mejor y aprender a reconocer tus necesidades.

Si tienes hambre, aliméntate. Si necesitas descansar, busca un espacio para hacerlo. Si estás atravesando una preocupación, reconoce lo que sientes y, cuando sea posible, busca una manera de atenderla que no dependa exclusivamente de la comida.

Y si un día comes porque estás triste, ansioso o agotado, no conviertas ese momento en una razón para castigarte. Puedes observar lo ocurrido, aprender de la experiencia y continuar cuidándote en tu siguiente comida. Una decisión no tiene por qué convertirse en una cadena de decisiones que te alejen de tus objetivos.

Recuperar tus hábitos no significa hacerlo todo perfectamente

Cuando intentamos retomar la rutina, a veces queremos cambiarlo todo de un día para otro: Comer perfectamente, hacer ejercicio, dormir mejor, cumplir con todas las obligaciones y recuperar inmediatamente el ritmo anterior. Pero el bienestar no se construye a partir de la exigencia permanente.

Empieza por lo esencial. Recupera tus horarios de comida, organiza tus alimentos con anticipación si eso te ayuda y procura dormir lo suficiente. Encuentra un espacio para moverte de acuerdo con tus posibilidades y recuerda que unos minutos de respiración consciente pueden ayudarte a hacer una pausa entre una responsabilidad y otra.

No necesitas esperar a sentirte completamente motivado para volver a cuidarte. Puedes estar triste y alimentarte de manera consciente. Puedes sentir ansiedad y buscar herramientas para manejarla. Puedes tener un día difícil y, aun así, continuar con tu proceso.

Retomar tus hábitos no significa empezar de cero. Es continuar desde donde estás hoy.

Por eso, no necesitas compensar los días anteriores dejando de comer, restringiendo alimentos o sometiéndote a un ejercicio excesivo. Lo que necesitas es recuperar, poco a poco, la estructura que favorece tu bienestar y continuar con las recomendaciones de los profesionales de salud que te acompañan.

Habrá días en los que todo resulte más fácil y otros en los que necesites hacer una pausa, reorganizarte o pedir ayuda. Eso también forma parte del proceso.

Aprende a cuidarte incluso en los días difíciles

En Nutrición Emocional comprendemos que alimentarse no consiste únicamente en elegir los alimentos adecuados. También implica reconocer nuestras emociones, comprender nuestros hábitos y aprender a responder a nuestras necesidades de una manera más consciente.

A veces necesitamos organizar mejor nuestras comidas. Otras veces necesitamos descansar, expresar una preocupación o aprender a manejar una emoción que llevamos demasiado tiempo guardando.

Cada persona tiene una historia y unas circunstancias particulares. Por eso, acompañar un cambio de hábitos implica mirar más allá de lo que aparece en el plato y comprender qué está dificultando el proceso.

La próxima vez que sientas que estás perdiendo el ritmo, en lugar de preguntarte por qué no eres capaz de hacerlo todo bien, intenta hacerte una pregunta diferente: ¿Qué necesito hoy para seguir cuidándome, incluso si las cosas no están saliendo como esperaba?

Quizá no puedas resolverlo todo hoy. Pero sí puedes dar un pequeño paso a tu favor.

Escúchate, reorganízate y retoma tus hábitos con paciencia. No necesitas que la vida siga siempre el plan que habías imaginado para continuar trabajando por tu bienestar.

En Equilibrio Perfecto Mente Cuerpo queremos recordarte que cuidarte no significa exigirte perfección, sino aprender a reconocer tus necesidades y encontrar maneras saludables de atenderlas.

Porque no tienes que esperar a que todo esté bien para volver a cuidarte.

Puedes empezar hoy, con lo que tienes y desde el punto en el que estás.

Y recuerda: Cuidar de ti también significa aprender a escucharte, respetarte y tratarte con amor.

Hasta que nos volvamos a encontrar… que la voz con la que te hables sea siempre una voz de amor.

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