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Por: Lic. Yanet Díaz.

En Amor y Amistad solemos pensar en qué regalar. Buscamos algo bonito, especial, que sorprenda. Pensamos en chocolates, flores, una cena, un detalle, una botella de vino, un postre… y está bien. También hay amor en preparar algo para alguien, en escoger un regalo pensando en sus gustos, en sentarnos alrededor de una mesa y disfrutar juntos.

Pero este año quisiera invitarte a pensar en un regalo diferente.

Uno que no necesitas comprar, que no se acaba, no ocupa espacio y, curiosamente, muchas veces es de las cosas que más nos cuesta entregar: Nuestro tiempo.

Porque podemos comprar muchas cosas para alguien y, sin embargo, estar poco presentes. Sentarnos frente a una persona mientras revisamos el teléfono; compartir una comida y no realmente lo que nos pasa. Incluso estar en el mismo lugar y tener la mente en otro.

Y quizá uno de los regalos más profundos que podemos hacerle a alguien sea simplemente decirle: “Hoy quiero estar contigo.” Estar de verdad.

Escuchar sin mirar el reloj. Caminar juntos. Preparar algo en la cocina. Sentarnos a conversar. Recordar una historia que nos haga reír. Preguntar cómo está esa persona y quedarnos a escuchar la respuesta. Abrazar un poco más largo. Visitar a alguien que hace tiempo no vemos. Llamar a quien sabemos que necesita escuchar nuestra voz.

Hay personas que no desean otro objeto. Necesitan compañía, sentirse importantes para alguien. Anhelan que alguien les regale una tarde, una conversación, una caminata, una visita, una escucha sincera.

Esto también tiene mucho que ver con nuestra relación con la comida. Porque en nuestra cultura muchas veces hemos aprendido a expresar el cariño a través de ella. Celebramos comiendo. Consolamos con comida. Recibimos con comida. Agradecemos con comida. Decimos “te quiero” llevando algo rico.

La comida puede formar parte de todo eso. No hay nada malo en disfrutar una cena, compartir un postre o brindar por la amistad y por la vida. Pero quizá no necesitamos que la comida sea la protagonista de todos nuestros encuentros. Quizás podemos permitir que esta vez el protagonista sea el encuentro. Que la comida acompañe la celebración, pero que el verdadero centro sea esa persona que tenemos delante. Porque cuando comemos juntos, lo más importante no es lo que hay sobre la mesa, sino quién está sentado a nuestro lado.

Este Amor y Amistad, antes de preguntarte qué vas a regalar, pregúntate:

¿A quién quiero regalarle un poco de mi tiempo?

¿A quién quiero escuchar?

¿A quién quiero abrazar?

¿Con quién quiero compartir una conversación sin prisas?

¿A quién hace mucho no visito?

¿Quién necesita saber que puede contar conmigo?

Tal vez descubramos que algunos de los regalos más valiosos no vienen envueltos. Llegan en forma de presencia. De una mano que acompaña. Unos ojos que miran sin pestañear mientras los oídos escuchan. Una conversación que no tiene prisa. Una tarde compartida. O simplemente estar.

Porque al final, los objetos pueden quedarse guardados en un cajón, los chocolates pueden terminarse y una cena puede convertirse en un recuerdo. Pero la sensación de haber sido acompañado, escuchado y querido puede quedarse con nosotros durante mucho tiempo.

Este Amor y Amistad, regala tiempo, compañía, presencia. Y si decides compartir una comida, disfrútala. Pero no olvides mirar a los ojos de quien tienes enfrente, puede que mañana no tengas esa oportunidad.

Quizá ese sea el verdadero regalo.

2 respuestas

  1. Exelente reflexión Yanet, Dios te bendiga muchísimo, es en verdad lo que vale en ka vida, lo que nesecita este mundo hoy, te felicito, yo también trato estos temas en mis diferentes charlas formales que dicto, tenemos que hacerlo, muchos están requiriendo, estos temas, felicitaciones
    Un abrazo

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