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Por: Yanet Diaz

En nuestra consulta trabajamos con 10 aspectos fundamentales para alcanzar un estado óptimo de salud. Estos principios, definidos por el Dr. Mariano Cañizares, abarcan desde la alimentación hasta el descanso, la higiene, el movimiento y la gestión emocional.

Hoy quiero detenerme en uno que, aunque muchas veces se subestima, tiene un impacto profundo en el cuerpo: el aspecto número 9, evitar estados emocionales alterados.

Y dentro de este punto —que es mucho más amplio de lo que parece— solemos pensar únicamente en emociones intensas como el estrés, la ansiedad, el miedo o el enojo. Sin embargo, hay una emoción más silenciosa, más constante y profundamente dañina, especialmente en mujeres: el rechazo hacia una misma.

EL RECHAZO A TI MISMA: LA EMOCIÓN SILENCIOSA QUE MÁS ENGORDA

No empieza con la comida. Empieza con una mirada al espejo.

Con ese pensamiento automático: “No me gusta lo que veo”, “Estoy demasiado gorda”, “Tengo la barriga prominente”, “¿Cómo es posible que siga comiendo así?”

Y entonces aparece el ciclo: Comes algo que disfrutas… y, en lugar de satisfacción, surge la culpa, el juicio y el rechazo.

Este tipo de diálogo interno no es inofensivo. Es una forma constante de agresión emocional hacia tu propio cuerpo. Y tu cuerpo responde.

¿QUÉ OCURRE EN TU ORGANISMO CUANDO VIVES EN RECHAZO CONSTANTE?

Las emociones no se quedan en la mente. Se traducen en química.

Cuando vives en estados sostenidos de estrés, ansiedad, culpa o rechazo, tu cuerpo entra en alerta, generando múltiples consecuencias:

  1. Estado proinflamatorio: El estrés emocional sostenido favorece la inflamación crónica de bajo grado, base de múltiples enfermedades.
  2. Desregulación hormonal: Se alteran hormonas clave como el cortisol, la insulina y las hormonas sexuales, afectando tu metabolismo y bienestar.
  3. Relación conflictiva con la comida: Aumenta el deseo por alimentos altamente palatables (azúcar, grasas y ultra procesados) como mecanismo de compensación emocional.
  4. Metabolismo más lento: Se reduce la eficiencia en la quema de calorías y se favorece el almacenamiento de grasa, especialmente abdominal.
  5. Activación del tejido adiposo: El tejido graso responde a señales inflamatorias y hormonales, aumentando su actividad.
  6. Mayor riesgo de depresión: El rechazo constante deteriora la autoestima y afecta neurotransmisores clave del estado de ánimo.
  7. Disminución del deseo sexual: El cuerpo en estado de estrés prioriza la supervivencia sobre el placer.
  8. Dificultad para crear masa muscular: El entorno hormonal no favorece la regeneración ni el crecimiento muscular.
  9. Mayor riesgo cardiovascular: La inflamación y el estrés crónico impactan directamente la salud del corazón.
  10. Envejecimiento acelerado y debilitamiento inmunológico: Aumenta la oxidación celular, afectando la apariencia y la capacidad de defensa del organismo.

NO ES SOLO LO QUE COMES… ES DESDE DÓNDE LO HACES

Muchas mujeres dicen: “Mi esposo come lo mismo que yo y no se engorda”.

Y es cierto. Dos personas pueden comer igual, pero no procesarlo de la misma manera. Una come desde la calma, el disfrute y la conexión. La otra, desde la culpa, el castigo y el rechazo. El cuerpo lo sabe.

El problema no es repetir el plato que te gusta. El problema es lo que te dices después.

EL CAMBIO REAL EMPIEZA EN CÓMO TE HABLAS

Sanar tu relación con la comida implica, primero, sanar la relación contigo misma. No se trata de “pensar positivo” de forma superficial. Se trata de:

• Tomar conciencia de tu diálogo interno.
• Reducir el auto juicio.
• Aprender a sostener emociones incómodas sin castigarte.
• Reconectar con tu cuerpo desde el respeto, no desde la exigencia.

UN MENSAJE PARA TI

Tu cuerpo no está en tu contra. Está respondiendo a lo que siente. Cada pensamiento de rechazo, cada emoción sostenida en el tiempo, se convierte en una señal biológica. Así como el rechazo enferma, la aceptación también sana.

En Equilibrio Perfecto Mente Cuerpo trabajamos desde la raíz. No solo abordamos lo que comes, sino lo que sientes, lo que piensas y cómo eso impacta tu biología. Porque el verdadero cambio no ocurre cuando te controlas, sino cuando te comprendes.