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equilibriomentecuerpo.com

Por: Lic. Yanet Díaz

Hay días en los que sentimos una necesidad casi urgente de comer. No importa que hayamos desayunado hace una hora o que acabemos de almorzar. De repente aparece ese deseo intenso de pan, galletas, chocolate, paquetes o cualquier alimento que nos haga sentir un alivio inmediato.

Y entonces pensamos: “No tengo fuerza de voluntad.” Pero ¿y si el problema no fuera la fuerza de voluntad? ¿Y si lo que realmente tienes es un corazón cansado intentando encontrar consuelo en la comida?

Hoy vengo a contarles que existe una forma muy sencilla de empezar a descubrirlo.

Haz una pausa antes de abrir la nevera

La próxima vez que sientas deseos de comer, no te juzgues. Solo detente un momento y hazte estas preguntas:

1. ¿Mi estómago tiene hambre o mi mente tiene ganas de comer?

El hambre física suele sentirse en el cuerpo:

  • El estómago hace ruido.
  • Sientes un vacío.
  • La energía disminuye.
  • Han pasado varias horas desde la última comida.

El hambre emocional, en cambio, aparece en la mente. De repente “necesitas” un alimento específico y sientes que no puedes dejar de pensar en él.

2. ¿Comería cualquier alimento saludable o solo quiero algo muy específico?

Cuando el cuerpo tiene hambre, acepta diferentes opciones. Cuando el hambre es emocional, normalmente solo quiere una cosa. “No quiero fruta… quiero pan.” “No quiero una comida… quiero chocolate.”

Ese detalle puede decir mucho.

3. ¿Qué estaba sintiendo justo antes de que aparecieran las ganas de comer?

Detente unos segundos y pregúntate:

  • ¿Estoy estresada(o)?
  • ¿Estoy aburrida(o)?
  • ¿Me siento sola(o)?
  • ¿Estoy preocupada(o)?
  • ¿Estoy triste?
  • ¿Estoy frustrada(o)?
  • ¿Estoy celebrando algo?
  • ¿Necesito descansar?

Muchas veces la emoción aparece unos minutos antes que el impulso de comer.

4. Si alguien resolviera ahora mismo el problema que tengo… ¿Seguiría teniendo tantas ganas de comer?

Esta pregunta suele revelar mucho. Si la respuesta es “probablemente no”, es posible que el alimento no sea lo que realmente necesitas.

5. Después de comer, ¿cómo me siento normalmente?

El hambre física termina con satisfacción. El hambre emocional muchas veces termina con culpa, frustración o la sensación de haber perdido el control. Ese ciclo se repite una y otra vez porque el problema nunca fue la comida. Ella solo estaba intentando calmar una emoción.

Antes de comer, regálate cinco minutos

No se trata de prohibirte nada. Sino de escucharte primero. Antes de llevar ese alimento a la boca, prueba hacer una pequeña pausa. Respira profundamente. Pon una mano sobre tu pecho y otra sobre tu abdomen. Y pregúntate con mucho cariño:

  • ¿Qué necesito realmente en este momento?
  • ¿Necesito comida… o descanso?
  • ¿Necesito alimento… o un abrazo?
  • ¿Necesito azúcar… o hablar con alguien?
  • ¿Necesito llenar mi estómago… o atender una emoción que llevo tiempo ignorando?

A veces descubrirás que sí, efectivamente tienes hambre. Y está bien comer. Otras descubrirás que lo que duele no se encuentra en el estómago.

Cuando aprendemos a escuchar nuestras emociones, la comida deja de cargar con un peso que nunca le correspondió

Comer no debería ser la única respuesta al estrés, a la tristeza, a la ansiedad o a la soledad. Las emociones necesitan ser escuchadas, comprendidas y acompañadas. No castigadas, ni escondidas y mucho menos tragadas.

Quiero que recuerdes algo muy importante

Si sientes que comes por ansiedad, por vacío, por estrés o porque necesitas apagar lo que sientes, no significa que seas débil. Probablemente llevas mucho tiempo utilizando la comida para hacer el trabajo que en realidad le corresponde a tus emociones. Esto es algo que se puede desaprender y transformar.

En Equilibrio Perfecto Mente Cuerpo acompañamos a las personas a descubrir qué emoción hay detrás de esa necesidad de comer, para que puedan recuperar una relación sana con los alimentos y, sobre todo, consigo mismas.

Porque dejar de comer las emociones no es cuestión de fuerza de voluntad. Es un proceso de escucha, autoconocimiento, comprensión y amor propio.

Y sí… es posible. Estamos aquí para acompañarte en ese camino.

Hasta que nos volvamos a encontrar, que la voz con la que te hables sea siempre una voz de amor.