Por: Ft. Sebastián Pinzón.
La flexibilidad se define como la capacidad de las articulaciones para moverse en un rango de movimiento sin restricciones ni dolor, pero no se trata de solo “ser elástico”, sino una necesidad biológica para mantener la salud funcional a lo largo de la vida.
Es importante conocer los tipos de flexibilidad y los beneficios que trae:
- La flexibilidad dinámica implica movimientos activos y controlados que preparan al cuerpo para cualquier actividad funcional que vayamos a realizar, con este vamos a lograr la activación del sistema nervioso simpático, aumentar la frecuencia cardíaca, el flujo sanguíneo y la temperatura muscular; proceso ideal en la preparación de los tejidos para el esfuerzo, mejora la coordinación y reduce el riesgo de lesiones agudas musculares, articulares o tendinosas al “despertar” los músculos.
- Flexibilidad estática también conocidas como de recuperación y elongación, consiste en estirar un músculo hasta un punto de tensión soportable y mantener la posición durante un tiempo determinado según los objetivos. Es importante que el cuerpo se encuentre en estado de calma para que se aprovechen los beneficios de estos ejercicios, es por ello que en nuestra consulta le aconsejamos a los pacientes acompañar estos ejercicios con técnicas de respiración consciente para lograr la activación del sistema nervioso parasimpático, induciendo un estado de relajación y así conseguir reducir la rigidez músculo-tendinosa acumulada por posturas mantenidas o posteriores a actividades físicas, así mismo previniendo dolores musculares y articulares como lumbalgias, dorsalgias, cervicalgias, gonalgias (dolores de rodilla), aquilodinias entre otros.
Actualmente el Colegio Americano de Medicina para la Salud y el Deporte sugiere:
- Frecuencia: Realizar ejercicios de flexibilidad al menos 2 a 3 veces por semana.
- Progresión: Nunca estirar hasta sentir dolor; la sensación debe ser de tensión suave.
- Enfoque integral: Combinar ambos métodos es la mejor estrategia para prevenir caídas en adultos mayores y mejorar la calidad de vida.
La clave de una vida físicamente activa y libre de dolor no reside únicamente en la fuerza o la resistencia, sino en el equilibrio inteligente entre la movilidad y la elongación. Integrar la flexibilidad dinámica como una herramienta de activación y la flexibilidad estática como un método de recuperación permite no solo optimizar el rendimiento deportivo, sino también proteger al cuerpo frente al desgaste del día a día.
Conclusión:
Trabajar la flexibilidad es una inversión en autonomía funcional: un cuerpo flexible es un cuerpo más resiliente, capaz de moverse con libertad, corregir su postura y envejecer con una mejor calidad de vida. No se trata de alcanzar la máxima elasticidad, sino de garantizar que cada articulación cumpla su función de manera segura y eficiente.
Tu cuerpo es la herramienta más valiosa: No esperes a sentir rigidez para cuidarlo. Empieza hoy mismo incorporando 10 minutos de movilidad dinámica al despertar o una sesión breve de estiramientos estáticos antes de dormir. ¡Tu salud futura te lo agradecerá!